1- Elige a alguien como si fueras ciego. Cierra los ojos y observa qué puedes sentir de esa persona, de su gentileza, su lealtad, su comprensión, su devoción, su habilidad para ocuparse de ti, su habilidad para cuidar de sí mismo como un ser independiente. En nuestra cultura nos basamos mucho en lo que vemos con nuestros ojos externos. Pero cuando miramos al objeto de nuestro amor, es mucho más importante lo que vemos con los ojos cerrados. 2- Elige a alguien que tenga la habilidad de aprender. Si hay algo que verdaderamente hace diferencia entre un amante para toda la vida y uno fugaz, es una persona que tenga la habilidad de aprender. Dice el refrán “el ignorante es poco tolerante”. Aquellos que no pueden aprender cosas nuevas, ver las cosas a la luz de lo nuevo, ser curiosos acerca del mundo y de cómo funcionan las cosas o las personas, a menudo se cierran y dicen. “No, esto tiene que ser así, de este modo” y para una relación de toda la vida es mejor estar con alguien que se abra y...
No me gusta, no lo quiero, esto no puede ser así, no lo entiendo, por qué yo, por qué él, por qué a mí... Y por más que nos resistamos, por más que lloremos e imploremos, no podremos cambiar el color de nuestra piel, la muerte de un ser querido, el diagnóstico que nos acaban de dar... Aceptar las cosas tal y como son es algo que podemos aprender desde pequeños. Podemos ejercitarnos en ello cada día. Unas veces estaremos más espabilados que otras, pero poco a poco esta práctica nos conduce a un estado mental más sereno y menos sensible a los altibajos que se producen a nuestro alrededor. Cuando duela (física o emocionalmente), respira hondo y acéptalo. No te resistas, no hagas un drama de la situación. Comparte tu dolor pero intenta no quejarte. Es el primer paso. Escrito por María
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