Estos días me ha llegado - de forma directa o indirecta - tu mensaje de SOS lanzado al mundo. Tus ilusiones hechas pedazos, una orden de desahucio, te recortan de nuevo los ingresos, esa enfermedad tan grave de la que no te atreves ni a hablar y que se empeña en reaparecer una y otra vez... Eres tú con muchos nombres, pero al fin y al cabo, somos todos nosotros enviando una y otra vez el mismo mensaje. Después de muchos años de intentar sanar mi mente y mi cuerpo, sé que un paso importante es empatizar con tu fortaleza. Aunque llore junto a ti, después quiero enjugarte las lágrimas y decirte que puedes seguir adelante y que hay una parte de ti que aún no has reconocido. Quiero decirte que no hay necesidad de que sigas sufriendo. Quiero decirte que el poder de tu pensamiento puede mover montañas y que, aunque el dolor es real, el sufrimiento es una opción y nuestros infiernos nos los creamos nosotros mismos. Dice Un Curso de Milagros que en la quietud todas las cosas rec...